Khosha era su mote pero nadie conoce con certeza sus orígenes, se sabe que nació en Francia a finales del siglo XIX, en Bretaña, tierra de druidas y de magos, tierra de naturaleza magnética. Allí fue donde Khosha pasó su juventud y donde se inició en el conocimiento de las plantas y de sus usos terapéuticos. También se sabe que llevada por el deseo de curar, sanar y embellecer, ella adquirió conocimientos de medicina tradicional, frecuentando los círculos médicos y los boticarios de París.

Se sabe que utilizaba el poder de las plantas con gran habilidad. Preparaba ungüentos para curar dolencias y enfermedades y dedicó su vida a la investigación de cuidados y tratamientos para la belleza del cuerpo.

Su saber le atrajo las simpatías de muchos contemporáneos, pero también le acarreó las iras de las autoridades temerosas del poder de esta mujer tan prodigiosa. Se vio forzada a huir de su región llevando consigo sus valiosas fórmulas. Residió un tiempo en Provenza, y luego se afincó en España donde perfeccionó algunos productos esenciales para la belleza y la juventud del cuerpo.

La vida privada de Khosha permanece oculta. Su memoria se diluyó: ni padres, ni hermanos, ni esposo… tan sólo un hijo.

Hoy en día, al cabo de tres generaciones, su biznieto poseedor de sus fórmulas y de sus utensilios de laboratorio, decide estudiar sus recetas ancestrales y descubre que no son más que un compendio de fórmulas orientales y romanas de una sorprendente eficacia.

Tras pruebas y ensayos de estas cremas, se ha comprobado la eficacia y los resultados espectaculares de unos productos que se formularon siglos atrás, productos basados en un equilibrio delicado entre los distintos ingredientes, y una perfecta armonía resultante del escrupuloso respeto de la receta original.